NI EL GATO
(Apuntes para terminar de una buena vez con la Escuela Ideal)
Es muy probable que usted, en alguna oportunidad, haya sido visitado por el perverso fantasma de la Escuela Ideal. Generalmente sucede en el momento en que se siente una bestia porque tuvo ganas de ensartar a ese alumno - que además es hijo de su compañera de trabajo- con la parker 51 que le queda de recuerdo de su mamá maestra.
O tal vez estaba tirado al sol en Mar Azul a mitad del verano, buscando posibilidades para la (impresentable) maestra de música, o nuevas opciones al ábaco.
En ese momento la utopía nos habita: si todos los niños tuvieran una notebook; si la mamá de Fulanito no fuese prostituta ; si el padre no estuviese preso... Si los docentes fuesen universitarios, si tuvieran más paciencia, si ganaran más, si estuviesen contentos con su trabajo... Alguien dijo (si recuerdan quién, avisen) : "El hombre que hoy sería, si no hubiese sido el niño que fui." Y, lamentablemente, soy el docente que soy seguramente por el alumno que he sido.
En algún centro de estudios de Estados Unidos, una investigación alrededor de esa correlación entre lo que fuimos y lo que somos, sostiene que se sabe con exactitud que todos los niños nerds que tuvieron una hermosa familia que reza y financia los estudios, hoy son abogados y odontólogos.
Y que todos los niños nerds que fueron huérfanos o abandonados hoy son colectiveros o mecánicos. Mismo masoquismo infantil, igual sadismo adulto. Si ese niño hubiese tenido una familia que bancara, ¿quién sería hoy?
Aquel alumno de mirada esquiva, que hablaba entre dientes, hoy tiene la chapa patente de su auto semicubierta con un cable que desfigura las letras, o se dedicó a abollarla con tanto esmero que cualquier letra puede ser confundida con una ideograma mongol del sigloXIII.
Ese conductor que circula valientemente por las calles de la ciudad con la chapa limpia y legible, haciéndose cargo del riesgo de una multa ante la primera infracciòn: ¿fue el abanderado de la escuela?.
Señores! Dejémosnos de boludeces. Si mi abuelita tuviese ruedas, deciamos en el barrio, sería un camión.
Lo mejor para la salud mental de nuestra poblaciòn docente es asumir la realidad tal cual llega y sin culpa. Si queremos pisarla, gambetearla, cabecearla...bien, pero es lo que hay.
Después de todo, y para acabar con el mito de una buena vez por todas: el niño ideal es el que duerme, la maestra ideal es la jubilada, el padre ideal es el ausente.
Y la escuela ideal es en enero: sin chicos, ni maestros, ni padres, ni porteros. Ni el gato, vió Doña?
domingo, 15 de febrero de 2009
martes, 10 de febrero de 2009
LO REAL, LO IDEAL Y LO POSIBLE
REFLEXIONES PARA ELEGIR EL COLEGIO DE LOS PIBES
Si lo ideal no existe más que como tal en nuestras cabecitas, toda discusión es inútil, interminable, ociosa. Dicho de otro modo: las ideas no existen realmente, por lo menos como lo hacen una foca o un termotanque de alta recuperación.
Luego, ubicar en el mundo real un objeto que sea bastante (por lo menos) parecido a la idea pensada es misión (casi) imposible.Y para completar el panorama pensamos diferente sobre casi todo. (He aquí un prejuicio: Todos pensamos).
Pero hablemos de cosas concretas. Hace un tiempito, un Rector y profesor de una institución que resiste bravamente esta era de estupidez ilimitada, resumía certeramente un serio dilema educativo: Las escuelas, ¿deben formar ciudadanos o empleados del mes?
Para ser justos: depende de la institución de la que estemos hablando. Si ud. concurre a un establecimiento sostenido por la Organización que reúne a los representantes de ciertos sectores, será capacitado para ser el mejor empleado reproductor del Manual de Instrucciones y Procedimientos confeccionado allende los mares. Luego, fuera de ese ambiente, su supervivencia será problemática.
Si concurre a lugares financiados por el Presupuesto Público, corre el riesgo de ser conejillo de indias de experimentos como el polimodal, el ESB, o lo que fuese, (oficial o privado), y los dioses se apiaden de Ud, o de sus hijos, si posteriormente deciden adentrarse en la Educación Superior.
Existen, sin embargo, alejados de las luminarias del marketing y de las actividades extracurriculares algunos lugares diferentes. Por ejemplo, el que dirigía el certero Rector de más arriba.
En ellos (adivine cuáles son) siempre queda el resquicio para pensar y para aprender a aprender. Pero, en general, son incómodos: hay que estudiar, y reemplazar nuestras pobres ideas tetrabrick tipo Gran Hermano por pensamientos ajenos que se resisten a ser maltratados por cualquiera. En esos pocos lugares no importa el "no estoy de acuerdo" dicho por cualquier imbécil.
Tampoco alcanza con copiar y pegar, y encima, son escasos y no entra cualquiera.
Las cartas están echadas. Ud. elige. Pero para evitar quejas posteriores, y por si no se dió cuenta, casi nunca es cuestión de plata.
Si lo ideal no existe más que como tal en nuestras cabecitas, toda discusión es inútil, interminable, ociosa. Dicho de otro modo: las ideas no existen realmente, por lo menos como lo hacen una foca o un termotanque de alta recuperación.
Luego, ubicar en el mundo real un objeto que sea bastante (por lo menos) parecido a la idea pensada es misión (casi) imposible.Y para completar el panorama pensamos diferente sobre casi todo. (He aquí un prejuicio: Todos pensamos).
Pero hablemos de cosas concretas. Hace un tiempito, un Rector y profesor de una institución que resiste bravamente esta era de estupidez ilimitada, resumía certeramente un serio dilema educativo: Las escuelas, ¿deben formar ciudadanos o empleados del mes?
Para ser justos: depende de la institución de la que estemos hablando. Si ud. concurre a un establecimiento sostenido por la Organización que reúne a los representantes de ciertos sectores, será capacitado para ser el mejor empleado reproductor del Manual de Instrucciones y Procedimientos confeccionado allende los mares. Luego, fuera de ese ambiente, su supervivencia será problemática.
Si concurre a lugares financiados por el Presupuesto Público, corre el riesgo de ser conejillo de indias de experimentos como el polimodal, el ESB, o lo que fuese, (oficial o privado), y los dioses se apiaden de Ud, o de sus hijos, si posteriormente deciden adentrarse en la Educación Superior.
Existen, sin embargo, alejados de las luminarias del marketing y de las actividades extracurriculares algunos lugares diferentes. Por ejemplo, el que dirigía el certero Rector de más arriba.
En ellos (adivine cuáles son) siempre queda el resquicio para pensar y para aprender a aprender. Pero, en general, son incómodos: hay que estudiar, y reemplazar nuestras pobres ideas tetrabrick tipo Gran Hermano por pensamientos ajenos que se resisten a ser maltratados por cualquiera. En esos pocos lugares no importa el "no estoy de acuerdo" dicho por cualquier imbécil.
Tampoco alcanza con copiar y pegar, y encima, son escasos y no entra cualquiera.
Las cartas están echadas. Ud. elige. Pero para evitar quejas posteriores, y por si no se dió cuenta, casi nunca es cuestión de plata.
domingo, 1 de febrero de 2009
SERÍAN OBLIGATORIOS GUARDAPOLVOS DE SEGURIDAD
INSPECCIONES:
Resulta que desde hace un tiempito reaparecieron los inspectores para certificar que las escuelas son lugares apropiados para los chicos. Chocolate por la noticia.
Hace años que sabemos que el lugar más seguro para los chicos es la escuela. No digo que sea el mejor, pero si usted compara…Es cierto que no hay nada como un útero para cualquier niño, entre los que me incluyo, pero el nacimiento es un viaje de ida.
La escuela es un lugar seguro, lleno de docentes que cuidan de nuestros chicos. A ver si me entienden: no necesitamos que vengan inspectores del gobierno de la ciudad para asegurarse que no se prenden bengalas dentro de los patios escolares y que los vidrios son peligrosos. Para eso están y estuvieron siempre las maestras.
Está claro que después de Cromagnon, (y se necesitó Cromagnon para tomar conciencia que a los más chicos hay que cuidarlos, porque no alcanzó con Amparito Alfonsín, ni con Keyvis) , después de Cromagnon, digo, todos se pudieron más quisquillosos. Pareciera ser que se acabó la coima para las habilitaciones, que todos los inspectores son seres kármicos y honestos cuya mirada protectora cubre todas las posibilidades de riesgo y prevé cualquier situación peligrosa para nuestros chicos.
Ahora se las agarraron con las escuelas. Los escalones tienen que tener antideslizantes, las puertas deben abrir para afuera como las yanquis, los tubos fluorescentes deben tener un zunchito para que no se caigan.
A ver, ¿cuántas tragedias en escuelas se debieron a la falta de habilitación?. Si hay algo que los chicos no necesitan son inspectores. Y sabe por qué? Porque están los maestros. Los cuidan, los educan y hasta les dan de comer y muchas veces les cambian la ropa… y de vez en cuando les enseñan matemáticas y lengua. Poco, ya se, porque pierden mucho tiempo cuidándolos y curándolos, porque vienen lastimados los pibes… vió?
Digo yo: ¿Quién fue el mal bicho que habilitó el mundo real?
lunes, 26 de enero de 2009
EL FIN DEL INGRESO IRRESTRICTO
EXAMEN DE INGRESO AL PARAISO
Ya no alcanzaría con ser pobre
Dado que el 70% de los habitantes del planeta son analfabetos y sólo la mitad tiene hambre, y ante la superpoblación del paraíso (por aquello de los pobres y el Reino de los Cielos), los amigos del que dice tener el celular del Gran Jefe, (el que estuvo en Turquía diciendo que no dijo lo que dijo sino sólo lo que pensaba) estarían reescribiendo alguna de las bienaventuranzas. A pesar que algunos sectores progresistas sostienen que Él sabe quién quiere, y quién no puede, parece que ahora se agregaría algún requisito que pruebe que no todo es cuestión de aceptar las cosas como vienen, pues cabría sospechar que algunos serían pobres al sólo efecto de asegurarse una vacante en el Mejor Lugar Posible.
Entonces, las cosas se redactarían asi: Bienaventurados los hambrientos que saben leer y escribir porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Después de todo la vida eterna no es para cualquiera... Especialmente si no hay sexo.
Ya no alcanzaría con ser pobre
Dado que el 70% de los habitantes del planeta son analfabetos y sólo la mitad tiene hambre, y ante la superpoblación del paraíso (por aquello de los pobres y el Reino de los Cielos), los amigos del que dice tener el celular del Gran Jefe, (el que estuvo en Turquía diciendo que no dijo lo que dijo sino sólo lo que pensaba) estarían reescribiendo alguna de las bienaventuranzas. A pesar que algunos sectores progresistas sostienen que Él sabe quién quiere, y quién no puede, parece que ahora se agregaría algún requisito que pruebe que no todo es cuestión de aceptar las cosas como vienen, pues cabría sospechar que algunos serían pobres al sólo efecto de asegurarse una vacante en el Mejor Lugar Posible.
Entonces, las cosas se redactarían asi: Bienaventurados los hambrientos que saben leer y escribir porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Después de todo la vida eterna no es para cualquiera... Especialmente si no hay sexo.
lunes, 19 de enero de 2009
MENTE-VIOLENTA-MENTE
CUADRO DE HONOR
Colabora hoy: J.B. de www.sucintosmicrorrelatosbreves.blogspot.com
Un viejo sketch televisivo de los cómicos uruguayos que crearon el inolvidable programa Telecataplúm (hablo de la prehistoria), mostraba a un padre preocupado que recibía un informe lapidario del maestro sobre el pésimo desempeño de su hijo. Terminada la larga lista de inconductas y malas notas, el hombre, en un hilillo de voz le preguntaba al docente: ¿Cómo lo ve al nene para el cuadro de honor?
Un padre cualquiera de las décadas del sesenta y principios de los setenta, luego de pasar el bochorno de escuchar la pobre evaluación verbal que el maestro hiciese de su hijo, es muy posible que, al regresar a su casa, le ordenara a su esposa que llamase al burro de tu hijo, se sacara el cinto y comenzara a aplicarle un castigo inversamente proporcional al nivel de sus calificaciones, al grito de ¡no vas a pasar, tonto de capirote! y cosas peores, que espantarían a un psicopedagogo moderno.
¿Qué ocurre hoy en día?
Muchos padres actuales, debido a la cantidad de trabajos que necesitan para cubrir la canasta básica, no disponen de tiempo como para ocuparse de la formación de su criatura.
Otros, sencillamente no tienen ganas porque están convencidos de que el pibe, o la piba, no están hechos para el estudio, que pretender sacarlos buenos sería como extraer aceite comestible de un ladrillo hueco, y que ya no existe más el cuadro de honor.
Hay un tercer grupo de papás preocupados que, a despecho de su fatiga o desgano, cuando su hijo o hija recibe una mala nota, una amonestación o una crítica del educador, no se quedan apoltronados en sus hogares, bebiendo un aperitivo mientras esperan el comienzo de bailando por un sueño, sino que se calzan una camisa limpia y concurren al establecimiento educativo para escuchar las razones que tuvo el docente para evaluar a su chiquilín/ina como una bestia irredimible.
Estos papis no le pegarán a sus hijos cuando vuelvan a sus casas. Prefieren fajarlo al maestro, injusto castigador de nuestro pobre retoño (o retoña), en la propia escuela y así dar por terminado el asunto.
Más tarde le contarán a su hijo, o hija, de qué manera hizo justicia, llamándolos al fabuloso celular regalado como premio por no se acuerda qué.
Ahora bien, ¿quién está equivocado? ¿El padre que culpa al hijo y le da la razón al maestro, o el padre que culpa al maestro y le da la razón al hijo?
La respuesta cae de madura: la violencia está equivocada.
Colabora hoy: J.B. de www.sucintosmicrorrelatosbreves.blogspot.com
Un viejo sketch televisivo de los cómicos uruguayos que crearon el inolvidable programa Telecataplúm (hablo de la prehistoria), mostraba a un padre preocupado que recibía un informe lapidario del maestro sobre el pésimo desempeño de su hijo. Terminada la larga lista de inconductas y malas notas, el hombre, en un hilillo de voz le preguntaba al docente: ¿Cómo lo ve al nene para el cuadro de honor?
Un padre cualquiera de las décadas del sesenta y principios de los setenta, luego de pasar el bochorno de escuchar la pobre evaluación verbal que el maestro hiciese de su hijo, es muy posible que, al regresar a su casa, le ordenara a su esposa que llamase al burro de tu hijo, se sacara el cinto y comenzara a aplicarle un castigo inversamente proporcional al nivel de sus calificaciones, al grito de ¡no vas a pasar, tonto de capirote! y cosas peores, que espantarían a un psicopedagogo moderno.
¿Qué ocurre hoy en día?
Muchos padres actuales, debido a la cantidad de trabajos que necesitan para cubrir la canasta básica, no disponen de tiempo como para ocuparse de la formación de su criatura.
Otros, sencillamente no tienen ganas porque están convencidos de que el pibe, o la piba, no están hechos para el estudio, que pretender sacarlos buenos sería como extraer aceite comestible de un ladrillo hueco, y que ya no existe más el cuadro de honor.
Hay un tercer grupo de papás preocupados que, a despecho de su fatiga o desgano, cuando su hijo o hija recibe una mala nota, una amonestación o una crítica del educador, no se quedan apoltronados en sus hogares, bebiendo un aperitivo mientras esperan el comienzo de bailando por un sueño, sino que se calzan una camisa limpia y concurren al establecimiento educativo para escuchar las razones que tuvo el docente para evaluar a su chiquilín/ina como una bestia irredimible.
Estos papis no le pegarán a sus hijos cuando vuelvan a sus casas. Prefieren fajarlo al maestro, injusto castigador de nuestro pobre retoño (o retoña), en la propia escuela y así dar por terminado el asunto.
Más tarde le contarán a su hijo, o hija, de qué manera hizo justicia, llamándolos al fabuloso celular regalado como premio por no se acuerda qué.
Ahora bien, ¿quién está equivocado? ¿El padre que culpa al hijo y le da la razón al maestro, o el padre que culpa al maestro y le da la razón al hijo?
La respuesta cae de madura: la violencia está equivocada.
lunes, 12 de enero de 2009
LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA
SOBRE EL PRESENTE Y LOS FUTUROS
De vez en cuando, alguien nos propone canjear condiciones de trabajo por algo seductor, superador y más acorde con los tiempos que corren, que resultará, quien lo duda, altamente satisfactorio para todos.
Ingenuos incorregibles, escuchamos el canto de las sirenas. Luego, flexibilizaciones laborales varias, con promesas y certezas de futuros mejores, nos han dejado un gusto amargo en la boca y un dolorcete crónico en las tripas.
El futuro será mejor, pero queda siempre en el futuro para la mayoría.
El presente produce ganancias al contado para pocos, que son invariablemente los mismos.
Pero todos sabemos que algunos aspectos de nuestro Estatuto del Docente son como demasiado, ¿vió doña?
Si con el mismo rigor tratamos el tema con más amplitud, descubriremos que la culpa no es de la receta, sino de los que comen demasiado.
¡Es la Ética, idiota!, grita nuestra lucidez.
Porque los acuerdos y reglamentos son éticas mínimas de protección. Son contratos donde algunas cláusulas están por si las moscas. Lo no ético es llevar un frasco de moscas en el bolsillo como el truco en el restaurante.
Seamos claros: nos oponemos terminantemente a cualquier cambio en el Estatuto del Docente, pero romperemos las pelotas a morir para recuperar la Dimensión Ética en nuestra profesión.
La docencia es una profesión loable. Algunos docentes no.
Hagamos entonces el pacto de sangre: al que no puede lo ayudaremos. Al que no sabe lo capacitaremos. Y al que no quiera nosotros mismos le daremos la patada final en el culo.
EL DIRECTOR
De vez en cuando, alguien nos propone canjear condiciones de trabajo por algo seductor, superador y más acorde con los tiempos que corren, que resultará, quien lo duda, altamente satisfactorio para todos.
Ingenuos incorregibles, escuchamos el canto de las sirenas. Luego, flexibilizaciones laborales varias, con promesas y certezas de futuros mejores, nos han dejado un gusto amargo en la boca y un dolorcete crónico en las tripas.
El futuro será mejor, pero queda siempre en el futuro para la mayoría.
El presente produce ganancias al contado para pocos, que son invariablemente los mismos.
Pero todos sabemos que algunos aspectos de nuestro Estatuto del Docente son como demasiado, ¿vió doña?
Si con el mismo rigor tratamos el tema con más amplitud, descubriremos que la culpa no es de la receta, sino de los que comen demasiado.
¡Es la Ética, idiota!, grita nuestra lucidez.
Porque los acuerdos y reglamentos son éticas mínimas de protección. Son contratos donde algunas cláusulas están por si las moscas. Lo no ético es llevar un frasco de moscas en el bolsillo como el truco en el restaurante.
Seamos claros: nos oponemos terminantemente a cualquier cambio en el Estatuto del Docente, pero romperemos las pelotas a morir para recuperar la Dimensión Ética en nuestra profesión.
La docencia es una profesión loable. Algunos docentes no.
Hagamos entonces el pacto de sangre: al que no puede lo ayudaremos. Al que no sabe lo capacitaremos. Y al que no quiera nosotros mismos le daremos la patada final en el culo.
EL DIRECTOR
viernes, 2 de enero de 2009
LA MAESTRA NO QUIERE
QUE HACER CUANDO LA MAESTRA NO QUIERE IR A LA ESCUELA
Colabora hoy: J.B. de www.sucintosmicrorrelatosbreves.blogspot.com
El título de la monografía tiene gancho pero conlleva el desafío de sostener con el contenido anuncio tan prometedor. Todos los encabezados que formulan una pregunta crean la ilusión de conocer la resolución del problema y nos invitan inmediatamente a zambullirnos, creídos de que con la simple lectura de unos cuantos renglones se removerá el atascamiento en el que se ha convertido nuestra vida. Por qué, sino, gozan de tanto éxito los horóscopos que devoramos, aun cuando sabemos que, quien los escribe, en su vida estudió astrología, si ésta se estudiase. Cuando una maestra no quiere ir a la escuela yo le preguntaría, ¿por qué, seño (Rita), no quieres ir a la escuela? Ella seguramente me contestaría: no es que no quiera, no puedo, es que ando con un dolor de garganta muy fuerte.-¿Y qué has tomado para atenuar los efectos del dolor?-Lo de siempre, estatuto del docente compuesto. En un par de días se me quita.Ya reincorporada, luego de los días pagos que curaron su malestar, la seño (Rita) vuelve a faltar. De puro preguntón le formularía la siguiente interrogación: ¿por qué no quieres ir a la escuela seño (Rita)? Es muy posible que ella me respondiese: no es que no quiera ir, lo que ocurre es que necesito unos días porque tengo un examen.-¿Qué estudias?-Estudio para chef. -¿Ah, y tienes alguien que te ayude?-Bueno, mi profesor particular es el estatuto del docente.Unos días después la seño (Rita) se reincorpora pero avisa que va a volver a ausentarse porque a su hijo le ha salido un granito. Me la encuentro de casualidad y le consulto ¿dime seño (Rita) por qué no quieres ir a la escuela? Bueno, la respuesta la imaginan y el nombre del facultativo que atendió a su pequeño de quince años, también: doctor estatuto del docente.Nosotros sabemos que en realidad la maestra no quiere ir a la escuela y tiene un dios llamado e. del d. que siempre la salva. Pero entonces, ¿qué hacer cuando la maestra no quiere ir a la escuela? Lamento decir que quedará pendiente la respuesta porque no la tengo. Soy consciente de que he creado una razonable expectativa, lo puedo palpar, y pido disculpas. Una amiga que tiene tres hijos en edad escolar propuso una solución extrema que descarté : hay que matar al estatuto del docente. La persuadí de que la violencia no conduce a nada pero no encontré respuesta razonable cuando me preguntó si existe alguna otra rama de la actividad humana donde te paguen por no querer hacer un trabajo, y no hacerlo. Demasiadas preguntas sin respuesta.
Colabora hoy: J.B. de www.sucintosmicrorrelatosbreves.blogspot.com
El título de la monografía tiene gancho pero conlleva el desafío de sostener con el contenido anuncio tan prometedor. Todos los encabezados que formulan una pregunta crean la ilusión de conocer la resolución del problema y nos invitan inmediatamente a zambullirnos, creídos de que con la simple lectura de unos cuantos renglones se removerá el atascamiento en el que se ha convertido nuestra vida. Por qué, sino, gozan de tanto éxito los horóscopos que devoramos, aun cuando sabemos que, quien los escribe, en su vida estudió astrología, si ésta se estudiase. Cuando una maestra no quiere ir a la escuela yo le preguntaría, ¿por qué, seño (Rita), no quieres ir a la escuela? Ella seguramente me contestaría: no es que no quiera, no puedo, es que ando con un dolor de garganta muy fuerte.-¿Y qué has tomado para atenuar los efectos del dolor?-Lo de siempre, estatuto del docente compuesto. En un par de días se me quita.Ya reincorporada, luego de los días pagos que curaron su malestar, la seño (Rita) vuelve a faltar. De puro preguntón le formularía la siguiente interrogación: ¿por qué no quieres ir a la escuela seño (Rita)? Es muy posible que ella me respondiese: no es que no quiera ir, lo que ocurre es que necesito unos días porque tengo un examen.-¿Qué estudias?-Estudio para chef. -¿Ah, y tienes alguien que te ayude?-Bueno, mi profesor particular es el estatuto del docente.Unos días después la seño (Rita) se reincorpora pero avisa que va a volver a ausentarse porque a su hijo le ha salido un granito. Me la encuentro de casualidad y le consulto ¿dime seño (Rita) por qué no quieres ir a la escuela? Bueno, la respuesta la imaginan y el nombre del facultativo que atendió a su pequeño de quince años, también: doctor estatuto del docente.Nosotros sabemos que en realidad la maestra no quiere ir a la escuela y tiene un dios llamado e. del d. que siempre la salva. Pero entonces, ¿qué hacer cuando la maestra no quiere ir a la escuela? Lamento decir que quedará pendiente la respuesta porque no la tengo. Soy consciente de que he creado una razonable expectativa, lo puedo palpar, y pido disculpas. Una amiga que tiene tres hijos en edad escolar propuso una solución extrema que descarté : hay que matar al estatuto del docente. La persuadí de que la violencia no conduce a nada pero no encontré respuesta razonable cuando me preguntó si existe alguna otra rama de la actividad humana donde te paguen por no querer hacer un trabajo, y no hacerlo. Demasiadas preguntas sin respuesta.
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